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6/17/2009

La vida compartida (2009)

Che flaco, a vos te conozco. Me parece que alguna vez te vi por el barrio. Si, sos vos. Alguna vez nos sentamos en el kiosco a tomar una birra y a charlar un rato. Me acuerdo de tu nombre, creo que de tu apellido también. Estoy casi seguro de haber conocido también a una parte de tu familia y pasar algún rato con ella. Lo más loco es que te veo y pienso en que vos sabés algo de mi. Creo que sabés quien soy y que alguna vez estuviste en mi casa. Si, sos vos. Miramos alguna película o escuchamos unos temas. Lo recuerdo. También estuvimos jugando al futbol, a las cartas y en la compu. ¿Te acordás? Si pasamos tantas noches haciendo música! ¿Te acordás que una vez me contaste lo que te pasaba? ¿y que me dijiste que no andabas bien? Dale, pensá en esa vez en la que te llamé para juntarnos porque yo andaba necesitando un poco de compañía, y en esa otra vez en la que fui para tu casa cuando me llamaste y estuvimos horas y horas juntos sin hacer nada más que compartir ese momento charlando.
Flaco, me parece que yo a vos te tengo de algún lado, o ¿no sos vos el que una noche fue conmigo al boliche y me hizo la segunda para que me chamuye a esa mina?
Si, me acuerdo también de esa vez en la que te banqué porque estabas mal por haberte peleado con esa novia que quisiste tanto. 
¿Y de cuando te acompañé a que fueras a encontrarte con ella? Creo que fue después de aquella vez en que yo estuve mal ¿te acordás?

Bueno, no es mi intención molestarte, solo quería decirte que yo a vos te conozco. Más bien, algo de vos conozco. Porque supongo que en este tiempo te habrán pasado tantas cosas y habrás conocido a tanta gente, que seguro creciste mucho. Me pregunto que sentirás ahora de lo que pasó hace años, o qué pensarás ahora de la vida, de la política o de lo que sea.

¿Flaco, yo a vos te conozco? Ahora ya no estoy tan seguro. Porque en estos años a mi me pasaron mil cosas y conocí a mucha gente. Pasó mucho tiempo flaco!  Tengo algunos años más y pienso diferente sobre un montón de asuntos. Supongo que a vos te pasará lo mismo, o algo parecido al menos. 
En realidad, no se si nosotros nos conocemos, pero la verdad es que mucho no importa.

De lo que si estoy seguro, es que durante algún tiempo, mi vida la compartí con vos.

Espero que sigas bien y ojalá que algún día nos encontremos otra vez.

6/11/2009

Jugar

Empezó a jugar desde muy pequeño.

Al poco tiempo de nacer, jugó con sus manos. Las puso sobre otra piel y sintió calor. Al tiempo jugó con sus pies. Podía llevárselos a la boca. Sentia cosquillas que lo hacían reir. Al año sentía una increíble sensación de bienestar al mover las piernas. Jugó a ponerse de pie, jugó a caminar, luego a dar saltos y a ponerse de cuclillas.
A los cinco años ya jugaba acompañado por sus hermanos. Jugaban a la familia. Jugaban a las escondidas, a la mancha, al cuarto obscuro.
En la escuela primaria sus compañeros fueron haciéndose amigos y con ellos repitió los juegos tan divertidos que con sus hermanos continuaba jugando y aprendió nuevos juegos también. Jugaban a las escondidas en las instalaciones del edificio escolar, también a las diversas versiones de "la mancha" (normal, manteca, venenosa, y otras). Jugaba al elástico y a las carreras. A la soga y al futbol. A los penales y a los juegos de rol, en los que cada quien representaba a algún personaje.
Jugó con sus primeras novias a ir de la mano, a abrazarse y sentir cosas lindas. Jugó más adelante a dar besos, cada vez mejores besos. Con el tiempo y al ritmo en que con sus compañeras de juego iban arrimándose más y más, comenzó a jugar a ir a la cama de a dos. Volvió a jugar con sus manos y a sentir calor. Jugó con su cuerpo. Jugó a amar, más bien amó con la gracia con la que se juega.
Se propuso aprender, pensando que era el juego de más dificil reglamento y por lo tanto el más gratificante. Perdió varias veces al tiempo en que se daba cuenta de que las reglas de ese juego no eran las mismas cada vez, cambiaban con cada compañera y cambiaban según cómo él mismo se sentía. Se dió cuenta que amar no era un juego, y que no era algo que se pudiera ordenar en un reglamento como algunos de los otros juegos a los que jugaba hacía tiempo. No alcanzaba con entender como para que diera como resultado un gran amor.
Comenzó a darse cuenta, ayudado por lo que aprendía mientras jugaba a estudiar, y por los fracasos que el amor le había deparado, que amar no era, como él había pensado, el juego de más dificil reglamento, al contrario. Se dió cuenta de que al exigirse rigurosamente amar bien, había olvidado jugar. Así vislumbró que amar jugando era lo más parecido a los primeros juegos que él jugó. Todo lo que había aprendido jugando con su propio cuerpo y todo lo que había experienciado al jugar con otros -a tan diversos juegos y en tan variados escenarios- eran la mayor demostración para sí mismo de su capacidad de amar.
Recordó que una vez fue amado por sus padres, y que él mismo aprendió a amar. Supo que cada juego que, con sus hermanos, con sus amigos, con sus novias y compañeras, con sus maestros y profesores, con sus colegas y compañeros, él había podido jugar, se pudo desplegar gracias a que él ya disponia del amor necesario como para establecer todos esos vínculos que lo ayudaban a jugar.

Se propuso entonces a pesar de su sorpresa, que así como el amor siempre lo había acompañado, sin haberlo sabido, también el odio era parte de su jugar. Cuando arrojó los primeros objetos, cuando mordió las primeras comidas, cuando insultó, pegó, gritó. Cuando dejó, cuando reclamó, cuando le dolió y le molestó. Cuando no entendió, o cuando aceptó.

Se dió cuenta, en fin, que el amor y el odio eran, cada uno en su medida, necesarios para jugar, necesarios para vivir.

6/03/2009

Había que decirlo

Antonio sintió la necesidad de decírselo. Llamó a su buen amigo y le dijo que quería hablar sobre lo que venía pasando. Sorprendido, su amigo le respondió que no habría problema alguno. Antonio tomó un profundo respiro como para llenar sus pulmones hasta el tope y soltó junto al aire lo que quería decirle.
La reacción no tardó, él lo interrumpió y le dijo que cómo era posible que le dijera algo así, que era hasta ofensivo lo que estaba diciendo, que no se lo podría perdonar nunca.

Fue un tiempo el que ellos estuvieron sin hablar después de ese llamado.

Fue un tiempo el que Antonio tardó en entender porqué había tenido la necesidad de decir lo que sentía respecto a su amigo. Hasta que entendió y aceptó que ya no quería ser cómplice silencioso de la auto-destrucción que su amigo practicaba noche tras noche consigo mismo. Ya no quería ocultar lo que sabía: él se hacía mal. Debía decírselo, aunque esto lo ofendiera al punto de no querer volver a hablar con él.

Antonio supo que fue violento al decirle lo que sentía. Pero confiaba en que lo que había dicho, tal vez, podía servirle, quien sabe, servirle de referencia, servirle de puente para cruzar a otro lugar. Servirle para que dejara de hacerse daño.

Su amigo nunca se lo dijo a Antonio, pero estaba profundamente agradecido por las palabras que como amigo se atrevió a decirle.

Nunca más volvieron a hablar de lo que ocurrió. Antonio dejó de estar por las noches junto a su amigo. Y éste, sin que Antonio lo supiera, dejó de hacer las cosas como antes las hacía. Empezó a cuidarse.

5/26/2009

El Dr Ramiro Sombra

Se debatía internamente sobre el lugar donde realizaría la reunión. Pensaba que lo importante era reunirse con los que más quería. Pero estaba bastante advertido de que en realidad los que podría llegar a convocar para su reunión no eran solo los que él más quería, sino también , aquellos que por algún motivo se valían de su ubicación estratégica en lo que a contacto social se refiere.
Él era un consejal del pueblo de Pigué, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires. En ocasión de la renovación de su cargo por algunos años más, feliz por la victoria electoral, había decidido realizar una nueva reunión.
Convocó a su celebración a muchos familiares cercanos con los que tenía un trato cotidiano debido a la proximidad de sus viviendas. Invitó también a amigos del lugar con los que en su juventud solía pasar tiempo y hacer travesuras. Pero claro, además participó de la ocasión a varios funcionarios del partido y a unos cuantos de la opocisión que, por el tiempo que llevaba en política, había llegado a conocer muy de cerca. El Dr Ramiro Sombra era el mejor consejal que el pueblo había tenido en los últimos 20 años. Así le llegaba la opinión, según las encuestas, de los habitantes del lugar. Sus amigos y familiares se lo hacían saber cada vez que tuvieran la posibilidad, y él, en cambio, se preguntaba constantemente de qué manera poder hacer las cosas aún mejor. Tenía en cuenta las discusiones con sus colegas y sobre todo las conversaciones con sus adversarios políticos, quienes de diversas formas le hacían saber cuáles eran los puntos a corregir. Lo hacían sin saberlo, claro que no hubieran querido ayudarlo a hacer las cosas mejor si eso podría perjudicarles a ellos su propia carrera electoral. Pero el Dr Sombra había adquirido con los años la habilidad de captar lo que los demás le decían y hacer con eso una nueva estrategia, aún si lo que escuchaba fueran las más terribles críticas y las más obsenas observaciones.
Facundo Triesta, el líder opositor, le había comentado en una reunión anterior que los peones de algunas estancias se debatían fuertemente entre emitir su voto a comanda del patrón, lo que beneficiaría a Triesta o si en cambio y como dice la ley, aventurarse a sostener una posición individual en lo que a votación se refiere. Así fue lo que Triesta le dijo en aquella oportunidad al Dr Sombra. Éste, sin pensarlo demasiado, se dirigió a cada una de las estancias a sostener entrevistas con los distintos grupos de peones para preguntarles cuál era su opinión sobre las próximas elecciones. La mayoría de los grupos atinaron primero a no emitir opiniones que develaran su postura política respecto a los temas que eran de su interés. Algunos pudieron contarle sobre los temores que los aquejaban con solo pensar en no responder con su voto a la indicación de sus patrones. Triesta ya había estado en las estancias reuniéndose con los patrones. Al Dr Sombra se le ocurrió, sin que ningún opositor se lo dijera, organizar reuniones semanales durante los últimos 2 meses antes de las elecciones, en los que se enseñara y discutiera sobre los derechos y obligaciones que como trabajadores y como ciudadanos tenían.

Ni los estancieros, ni su opositor Triesta, estuvieron felices con esa iniciativa...

Continuará...

5/20/2009

Darse cuenta


Esteban tenía la ilusión de saber acerca de la vida. Pensaba que bastaba con alguna que otra actitud para con determinadas personas, como para lograr lo que pretendía. Iba y venía entre la gente llevando sobre sí una rígida cobertura de amor propio, tan rígida que no permitía que ocurrieran entradas ni salidas de ninguna clase de afectos.
Una tarde se encontró con un viejo amigo de la escuela. Le contó todo sobre sí, su trabajo bien remunerado, su reciente casamiento con una joven y adinerada empresaria, sus planes de viajar de luna de miel durante cuatro meses a Europa. Esteban sacó a relucir en pocos minutos todo su armamento anti-encuentro. El otro hombre lo escuchaba atento, casi diría con un aire a preocupado. Las palabras que Esteban enunciaba pretendiendo sonaran como palabras brillantes, llegaban en cambio como palabras muertas a quien lo escuchaba. Éste lo interrumpió una primera vez y le preguntó si era felíz. Esteban, mientras tragaba saliva, parpadeó varias veces como si fuera un reflejo como el de las vacas que mueven su cola para espantar a las moscas. Parpadeó varias veces y se aclaró la voz. Se sobrepuso a la sorpresa y con cierta dificultad le respondió que si, que era felíz a pesar de todas las preocupaciones que un tipo como él tenía, de las que nada había mencionado hasta ese momento.
Quien lo escuchaba lo interrumpió nuevamente y le preguntó si se sentía solo. No hubo en ese momento parpadeo que sirviera para espantar lo que le llegaba con esa pregunta. No hubo voz que aclarar, ni saliva que tragar. Fue un instante, una eternidad, en la que quedó de frente a lo que del otro le llegaba.
Pudo tomar aire nuevamente, retomó la continuidad de la conversación y le preguntó al hombre que lo escuchaba, cómo se había dado cuenta que más allá de todo lo bueno que él le había contado sobre si mismo, él en realidad se sentía muy solo.

El hombre llevó una mano al hombro de Esteban y le dijo: "Me alegra que te estén pasando tantas cosas buenas. Pero me debés haber confundido con otra persona porque yo no se quién sos, es la primera vez que te veo. Supuse que debés sentirte muy solo como para contarme todo esto a mí, un completo desconocido"

5/06/2009

Las máscaras (por no hablar de dinero)

Este encuentro transcurrió en una gran sala. El clima del lugar lo daba una luz tenue que, recorriendo la inmensidad de la habitación, rompía con la negra obscuridad. Personas y personas, cada una llevando sobre sus rostros una máscara.

Un hombre se acerca a una mujer, una máscara a la otra, toca su hombro con suavidad y le pregunta si ella es quien él está buscando. Dice estar confundido en su busqueda por la gran cantidad de máscaras -que ve dificilmente por la poca luz. La mujer, o quien llevaba máscara de mujer, sin levantar la vista como para intentar reconocerlo, o al menos ver su máscara de hombre, le entregó una nota que decía así:

"Cada cual con la suya, intercambiando miradas y opiniones sobre las máscaras de los demás. Intentando descubrir quién está debajo de cada una. Creyendo que debajo debe haber algo. Suponiendo que debajo de eso que parece una máscara debe haber otra cosa. No son más que sospechas y más sospechas entre las personas con sus máscaras; y las más caras sospechas recaerán siempre sobre los que por algún motivo hacen de sus máscaras su persona. Lo que ellos no saben es que su persona será su máscara cuando la sospecha recaíga sobre su persona, o su máscara. Aquello que sería su cara, debajo de la máscara, una vez más hará a su persona. Denuncias y sospechas entre las personas que llevan las más caras sospechas al precio de perder de vista las máscaras y comenzar a querer ver un poco más allá de las personas. Palabras y palabras que entre máscaras y sospechas se repetirán una y otra vez. Tu, que lees esta nota, esfuerza tu lectura, que entre máscaras y sospechas enuncia y hace enunciar a quien lee sobre sus propias máscaras. ¿Quién eres? ¿Qué lees? ¿Qué dices sobre lo que mi máscara te dice? ¿Mi persona, mi máscara,que más da? ¿Cuánto más cara puede ser la vida, si tu persona no llevara una máscara? Mi máscara es mi persona. Y lo único que importa es que es la mía"

El hombre, sorprendido y confundido por la lectura de la nota, preguntó nuevamente a la mujer "pero.. tu ¿quién eres?" a lo que respondió, esta vez si, mirándolo a la máscara:

"Simplemente deberías quedarte con aquello que la lectura de esta nota impone a tu entendimiento. La pregunta por el ser, no tiene más respuesta que las máscaras. Tu entendimiento será la máscara que protege los sentidos multiplicados de lo que está escrito. En cambio, las sospechas serán cada vez más caras al dedicarte a hacer lecturas ocultas y sombrías sobre lo que está escrito. Y lo que está escrito se repite, haciendo más fuerte aún la máscara"

4/04/2009

Ingenio: Cómo sacarlo un poco afuera ¿Exgenio?

    Sentado frente a la computadora y pensando en qué podría escribir como para que alguien tuviera ganas de leerlo. Sus dedos sobre el teclado, dibujaban las más diversas figuras, quedando algunos de ellos inutilizados debido a su torpeza motriz, y otros, los más adiestrados, respondiendo a las ideas de forma directa, sin tanto esfuerzo por corresponder su movimiento con el impulso que venía de adentro.

     Terminaba de ver una entrevista a García Marquez por televisión y de alguna manera quería empezar a -jugar a García Marquez. "¿Cómo hace ese tipo para crear lo que crea?" Se preguntaba. "¿Cómo hace para lograr generar en sus lectores, la necesidad de volver a leerlo, o de recomendar su lectura a otros miles y miles que se toman el tiempo de sentarse a leer ? ¿será por sus sonoras palabras, acomodadas en estructuras de "carpintería", según decía en la entrevista,  que generan, además, un efecto hipnótico en quienes comienzan su lectura?"

    Tal vez haciendo una pregunta y poniendo una respuesta dentro de la misma pregunta, intentando que pase de modo inadvertido, pero sí habiendo generado ese efecto liberador de apertura que generan las preguntas. ¿Muy complicado? ¿No es acaso, como un movimiento respiratorio, en el que primero se abren los orificios y los caminos que conducen el aire hacia adentro y luego sin que los orificios se cierren, el aire ya está saliendo como si nunca hubiese entrado, y así comenzar otra vez?

Escribir, construir con palabras estructuras de carpintería.

El que viaja

Imaginen una reunión. Estaban los hombres, quienes preparaban la carne a la parrilla, bebían el vino a por montones y conversaban sobre los negocios que podrían realizar en un futuro. Todas pompas de jabón. Estaban también las mujeres que sentadas alrededor de la mesa, cortaban frescas verduras,  hablaban sobre sus hombres y criticaban a otras mujeres que no estaban presentes. 
Perfiles bien estereotipados

Una reunión para homenajear al viajero que partía. 

Uno del grupo había decidido partir hacia otro lugar. "Los que se van por caminos inciertos, son los que encuentran los tesoros del destino" tiró uno de los hombres más ancianos y con mayor experiencia medio en pedo.
 
"Los que se van pueden sufrir la maldición de los que se quedan. El camino se les hará mucho más difícil" comentó una de las mujeres, mientras miraba de reojo al viajero. 

"Te maldigo y nunca podrás librarte de ello" dijo casi susurrando, entrecerrando los ojos para apuntar con mayor certeza su venenosa mirada, dirigida exclusivamente a quien había decidido partir.

Por no poder enfrentar el dolor que la noticia del viaje le traía, prefirió maldecir el destino del joven. Rara elección viniendo de una mujer que en varias oportunidades, en su juventud, había emprendido viajes en busca de su suerte, confiando en que al regresar, si eso ocurría, la esperaría el grupo que la vio partir, sabiendo que allí pertenecía, por elección o por imposición, pertenecía. 

La sorpresa del viajero no se hizo esperar. Otra de las mujeres de la comunidad, ofreciéndole un amuleto para su viaje, lo anotició sobre la maldición de la otra mujer. Recomendó que esa misma noche, antes de partir, hiciera lo necesario para romper la maldición.

El viajero pidió permiso a los ancianos y se acercó a hablar con la mujer. Se sentó a su lado, mientras las otras mujeres dejaban la habitación y le explicó con un dulce y sincero tono, cuáles eran los motivos que lo impulsaban a viajar. 

Luego le dijo "...y en este viaje que emprendo es importante llevar conmigo no solo el deseo de encontrar el camino que me pertenece, también es fundamental llevar conmigo las palabras justas para poder comprender lo que el azar ponga en mi camino, y las palabras justas, son las que cada uno de ustedes ha encontrado en su propio recorrido. Decime por favor, decime bien cuáles son tus palabras"

Y la mujer pudiendo reflexionar  y teniendo muy presente cuáles habían sido sus mal decires, le respondió "El dolor de lo incierto, es aquello que sostiene el recorrido, y la alegría del encuentro, aquello que lo motiva".

El viajante se puso de pie, inclinó su cuerpo y acercándose dulcemente al oído de la mujer le dijo: "Ahora has dicho bien, lo que antes no podías. Tu maldición ya no es tal, ahora me siento bendecido por tus palabras. Gracias".

Algunas salidas

Situación estresante. Demandas y presiones que llegan de distintos lugares y convergen en la delicada estabilidad emocional de una persona. Comienza a sentirse mal, le tiembla la voz, se mueve en su asiento, mira a los costados una y otra vez. 

Piensa confusamente: "Me levanto y me voy y se van todos a la reputa madre que los parió" "Amablemente les explico que ya no puedo responder a todo lo que me piden" "No me va a pasar nada, sigo haciéndolo así y que sea lo que dios quiera

Por suerte se tomó más tiempo para ubicar de qué se trataba y porqué esas situaciones se repetían una y otra vez. Se tomó el tiempo necesario hasta que por fin pudo comenzar a creer en que lo que sentía era la mejor brújula para tomar decisiones. 

Se fue.