8/10/2010

Hablar en público II

Algunos me decían el otro día que no podían entender cómo hacía para animarme a hablar en público.

Hablar en público no implica que haya muchas personas escuchando.
"El público" puede ser simplemente otra persona dispuesta a escuchar. 

En principio.

Y eso muchas veces no pasa.

Están los que no escuchan, los que no pueden recibir nada del orden de lo ajeno, los que sufren por tan solo encontrarse frente a alguien que les dice algo, que les habla. Estos son a los que prefiero no hablarles. Prefiero no violentar de más.

Por suerte están los que pueden recibir, los que no solo alojan sino que también pueden sostener un diálogo, los que intercambian comentarios y por sobre todo los que colaboran en una producción conjunta.

Con ellos si me gusta hablar. Porque construye.

Así si.

Otras veces, simplemente no tengo ganas.

8/08/2010

Viajar en subte: Parte 1

Escucho en general a la gente hablar sobre lo mal que se viaja en subte en esta ciudad y usarlo como motivo para justificar la no utilización de ese medio de transporte. 

Es cierto. 
Hay horarios en los que viajar en subte puede resultar una experiencia muy extraña.

Hora pico:
Llegás al andén luego de bajar las escaleras por las que muchas personas a la vez están bajando.
Una vez en el andén, como hay mucha gente, tenés que encontrar un espacio en el que pararte a esperar la llegada del tren. ¿Que más podés hacer?

¡Encontrar un espacio! Claro, a veces en la vida es tan difícil hacerse un lugar.... y mucho más difícil es si ese lugar esperás que te lo de otra persona!!

Entonces, llegás al andén, te ubicás en algún espacio libre y esperás. 

Claro, la espera es otro tema.

¿Qué haces mientras esperas? No está bueno esperar. Pero esperás.

Y te fijás qué podés hacer con eso.
Ya estás ahí. 

Las opciones son variadas: Mirar las tapas de las revistas de los kioscos, o los carteles de publicidad, o prestarle atención a la música que estás escuchando en Spotify, entre otras.

Llega el subte: Si lo viéramos en cámara lenta, veríamos cómo ya con solo verse las luces del tren aproximándose, la gente va abandonando la posición de espera -no eras vos el único esperando- y va tomando una actitud corporal más parecida a la de un animal en estado de alarma dispuesto a atacar o correr.

El subte frena, la gente amontonada ya está parada frente a la puerta más próxima a su punto de espera. Se abren las puertas. 
En general pasa que la gente que quiere subir, deja primero bajar a los que quieren bajar. Pero puede  que no. Que alguien quiera bajar y los que quieren subir no lo dejen. 
No porque no se den cuenta, sino porque no les importa.

Lo cual habla muy mal sobre mucha gente.

8/07/2010

Receta metafórica: "Los vínculos" parte II

Todo muy lindo, pero lo cierto es que mientras se aprende a hacer nudos y a diferenciar cuáles son los lazos a los que queremos estar anudados, y cuáles a los que no, se establecen vínculos que no son para nada agradables.

Por suerte esos vínculos pueden romperse y no pasa como cuando a un barrilete se lo lleva el viento.

7/29/2010

Receta metafórica: "Los vínculos"

Tomar una punta del lazo que el otro ofrece. Atarlo a uno mismo. Hacer un buen nudo. Ir y venir en cualquier dirección, sin temor. El nudo está hecho. A cambio, y como condición, ofrecer una punta del propio lazo. El otro también podrá ir y venir. Si los nudos son buenos, los lazos soportarán las tensiones y las distancias temporo-espaciales. Con el paso del tiempo y con una pizca de paciencia, el vínculo se transformará en red.

Ingredientes:

Algún otro que ofrezca/de algo.
Capacidad para recibir algo de otro.
Saber hacer nudos.
Capacidad de ir y venir.
Capacidad de dar/ofrecer algo al otro.
Tiempo.
Paciencia.

Tiempo de cocción: Toda la vida.

6/18/2010

El guardián de los vasos

"Permiso". Fue la palabra que utilicé para pasar entre los invitados del lugar, que reunidos en pequeños grupos, ocupaban el espacio, sin tener registro de lo que pasaba a su alrededor.
"Permiso" le dije también al que parado frente a la mesa del rincón, con actitud  de guardián, me impedía agarrar uno de los vasos que estaban sobre la mesa. No era posible hacerlo si él no se movía, ni por sus costados, ni desde algún otro ángulo.

Cuando acusó recibo de mi pedido, con una actitud un tanto resignada, cedió el lugar para que pudiera llegar a la mesa. Me sorprendió notar cuántos otros hicieron fila detrás de mi para llegar al mismo destino. La sola presencia del guardián les había estado impidiendo semejante empresa.

Ya con el vaso en otro ambiente de la casa, charlaba entretenido con otros invitados, cuando de pronto escuché decir en tono fuerte y sobreactuado: "Permiso!... Permiso!..."

Era el guardián de los vasos, que intentaba pasar entre nosotros, y se abría camino pronunciando la palabra mágica.
La repitió tantas veces! Aún cuando ya había logrado pasar hacia donde se dirigía. Se detuvo, giró su cabeza y mirándome fijamente, casi gritando y en tono burlón, me dijo: "Permiso!!"

Una sonrisa brotó en mi: "¿Viste cómo funciona?" Le pregunté.

El guardián había aprendido una palabra nueva y ahora sabía cómo hacer para salir del rincón.




4/04/2010

Anoche fui a una fiesta

El significante remite a muchos lugares, pero en este caso, me estoy refiriendo a juntar gente en un lugar, bebidas, música y baile.
Lo cierto es que por varios motivos de los que no tengo ningún interés en comentar, preferí en vez de estar en la pista -donde la mayoría bailaba al ritmo de la música de ocasión- quedarme en los lugares marginales del lugar.
Encontré a varios conocidos de hace unos años y estuvimos hablando toda la noche en la cocina.
Algo que me llama la atención de ese tipo de reuniones es que, si bien se supone que cada uno se entretiene como le sale, como en la vida, existe una especie de contrato implícito según el cual todos deberían comportarse de la misma manera. 

En general, prefiero evitar el efecto de masa.

Anoche: ¿Preguntas?

Anoche me encontré con varias personas. 
Son unos flacos a los que conozco hace unos cuantos años. Anoche estuve charlando con ellos. Fue de esas conversaciones en las que no se dice nada relevante, donde las palabras que circulan son en su mayoría vacías. ¿Vieron esas personas que solo te encontrás en determinados lugares? Bueno, mientras hablaba y bromeaba con estos flacos -de lo más divertido- fui dándome cuenta con cierta preocupación de que no solo no los conozco, ni mucho menos se qué piensan sobre algunos temas, sino que ellos tampoco saben absolutamente nada de mi porque nunca hablamos verdaderamente. 

Nunca preguntamos nada del otro.

Anoche II: Foto

Estaba sentado en el apoyabrazos de un sillón. Había mucha gente. De repente una persona se ubica en el mismo sillón a unos metros de donde estaba sentado y dice a un grupo de personas "pongansé que sacamos una foto!!!".
Era clara su intención: Iba a sacar una foto. 
Unas 8 o 9 personas completamente desconocidas para mi, se ubicaron rápidamente en el sillón donde estaba sentado y se pusieron para la foto, muy receptivos a la propuesta de la fotógrafa. 
Pensé velozmente: "debe ser un grupo de compañeros de algún lado" entonces me levanté del sillón y me quedé parado viendo el cuadro, como para que ellos tuvieran su foto. Yo no me sentía parte de ella. 
Un flaco de los que también observaba la escena, me preguntó si los conozco, le dije que no, que suponía eran compañeros de algún lugar. 
Me preguntó cómo lo sabía, como poniendo en cuestión el hecho de que yo hubiera abandonado mi lugar en ese retrato, y lo remató con un "¿porqué no te quedaste? 
Le contesté: Si vos me preguntaras, si me interesa sacarme una foto con ellos, a los que no conozco, yo te diría que no. 

Mucho menos si nadie me lo pide.

Breve resumen del sentirse mejor

La apertura, implica ruptura. 

Y la ruptura, dolor.

El dolor, deseo de sanar. 

Y sanar, una nueva apertura.

11/29/2009

A veces

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa

Sábado a la noche. Unos amigos me invitan a un bar por Palermo, en el que ya arreglaron para encontrarse con otros tantos. Cuando llego me encuentro con unas seis personas de las que solo conozco a 2. Hola qué tal, les digo mientras me presento. Estoy contento por ver a mis amigos, por salir a tomar algo con ellos y disfrutar de los paisajes nocturnos de la ciudad. Mientras escucho a uno de mis amigos contar sobre el viaje del que hace poco regresó, uno de los flacos a los que recién conozco, me pregunta a qué me dedico. Le respondo que trabajo como psicólogo, y pienso a la vez, después de varias experiencias similares, si debería haber dicho otra cosa, como para evitar las preguntas y reacciones que vienen a continuación después de mi respuesta, casi como si estuvieran guionadas.
Mientras respondo con cintura evitativa alguna de las preguntas de mi interlocutor, y trato de seguir la historia de mi amigo viajero, otro de los presentes, que estaba escuchando de costado, dice "vos que sos psicólogo..." y pregunta qué opino sobre cierto tema. Me cuenta que se divorció de su mujer, que está teniendo problemas con su ex y que no sabe cómo hacer para explicarle a su hija. "Ella está muy mal". Pienso ¿quién me mandó a abrir la boca?! Relojeo involuntariamente mi reloj, son las 3.20 am. Pienso cuántas cervezas tomé. Le digo que seguro debe ser difícil la situación en la que está, pero que va a tener que disculparme, es sábado a la noche y tal vez no es el mejor momento para hablar sobre sus cosas intimas. Sorprendido, él me dice que está todo bien, que tengo razón. Le ofrezco una tarjeta de un colega conocido al que puede llamar el lunes. Lo va a poder ayudar. Acepta la tarjeta. Disfruto de la reunión con mis amigos.

Domingo a la tarde. Suena el timbre de mi casa, atiendo y pregunto quién es. Me responde mi querido amigo Esteban. Me sorprendo, no lo esperaba, lo invito a subir. Preparo unos mates con tostadas y le comento mi sorpresa por su visita. Esteban rápidamente se angustia y me cuenta que está preocupado por una serie de peleas que está teniendo con su padre, al que conozco desde hace años. Esteban me cuenta que por diversos motivos tendrá que dejar la casa que comparte con su padre y que la situación le provoca muchísimo temor. Está preocupado. Conversamos mientras masticamos las tostadas. Le cuento cómo fue para mi, el momento en el que me fui de la casa de mis padres, la incertidumbre que sentí por no saber cómo iba a resultar eso de vivir solo. En fin. Charlamos durante algunas horas derivando el tema de conversación por una red de temas, como suele ser una buena charla. Esteban se detiene preocupado y me dice que no quiere molestarme con sus problemas, que entiende que por mi trabajo me la debo pasar "escuchando los problemas de la gente" y que su idea no es hacerme trabajar. Me pregunto por dentro qué imagen habré dado de mi mismo como para que un amigo no tenga la suficiente confianza como para charlar conmigo sin sentir que está hablando con un psicólogo. Le digo que si, es cierto, parte de mi trabajo es escuchar lo que los otros me cuentan, pero que no se preocupe por eso, que estamos charlando como cuando eramos más jóvenes, que está bueno que haya venido a mi casa si necesitaba charlar un rato. A mi también me gusta charlar con él y contarle de mis asuntos. Para eso están los amigos no?. O querés pagarme? Le dije. Se ríe.

Lunes a la mañana. Llego temprano al hospital porque tengo una entrevista con un paciente nuevo al que todavía no conozco. Lo espero en la sala del hospital mientras converso con algún colega de los que tienen buena onda sobre algún tema de interés en común. Tocan a la puerta y preguntan por mí. Es una chica acompañada por su padre. Me presento y los invito a pasar a uno de los consultorios. El padre me cuenta sobre su preocupación porque desde que se separo de la madre de la nena, él tiene severos problemas de agresión con su ex y su hija ha cambiado el comportamiento, se aisla, no quiere comer ni salir a pasear. Mantengo la entrevista con el padre como para conocer un poco más de la historia de la familia y contextualizar lo que a la joven le pueda estar pasando. Lo invito a que espere fuera del consultorio mientras yo entrevisto a su hija. Le explico que es necesario para que ella pueda contarme por si misma qué es lo que le está pasando, qué es lo que la tiene mal. La chica ingresa, se sienta, me mira con desconfianza y me pregunta con gran ironía "¿se supone que acá tengo que hablar con vos como si fueras un amigo al que le cuento mis cosas?" La noto asustada. Le respondo que ella puede hablar como quiera, si quiere hablarme como a un amigo, que lo haga. Pero que tenga presente que ella está en un hospital porque algo le está pasando y que yo no estoy ahí para hacerme amigo de ella, sino para intentar ayudarla con lo que le pasa. Respira hondo y me dice sonriente "Hablás como un psicólogo!".