"Permiso". Fue la palabra que utilicé para pasar entre los invitados del lugar, que reunidos en pequeños grupos, ocupaban el espacio, sin tener registro de lo que pasaba a su alrededor.
"Permiso" le dije también al que parado frente a la mesa del rincón, con actitud de guardián, me impedía agarrar uno de los vasos que estaban sobre la mesa. No era posible hacerlo si él no se movía, ni por sus costados, ni desde algún otro ángulo.
Cuando acusó recibo de mi pedido, con una actitud un tanto resignada, cedió el lugar para que pudiera llegar a la mesa. Me sorprendió notar cuántos otros hicieron fila detrás de mi para llegar al mismo destino. La sola presencia del guardián les había estado impidiendo semejante empresa.
Ya con el vaso en otro ambiente de la casa, charlaba entretenido con otros invitados, cuando de pronto escuché decir en tono fuerte y sobreactuado: "Permiso!... Permiso!..."
Era el guardián de los vasos, que intentaba pasar entre nosotros, y se abría camino pronunciando la palabra mágica.
La repitió tantas veces! Aún cuando ya había logrado pasar hacia donde se dirigía. Se detuvo, giró su cabeza y mirándome fijamente, casi gritando y en tono burlón, me dijo: "Permiso!!"
Una sonrisa brotó en mi: "¿Viste cómo funciona?" Le pregunté.
El guardián había aprendido una palabra nueva y ahora sabía cómo hacer para salir del rincón.
Escribir siempre fue un recurso que tuve muy a mano. Primero sobre el papel y más adelante en el teclado. En este Blog escribí entre el 2009 y el 2011 en un momento muy especial de la vida en el que empecé a construir un recorrido ya como profesional. En 2009 empecé mi primer trabajo profesional rentado yéndome de donde trabajaba. Sobre las despedidas, el crecer, el construir cosas nuevas. Moverse y cambiar. Decir. Hablar. Escrituras de pasaje entre experiencias.
6/18/2010
4/04/2010
Anoche fui a una fiesta
El significante remite a muchos lugares, pero en este caso, me estoy refiriendo a juntar gente en un lugar, bebidas, música y baile.
Lo cierto es que por varios motivos de los que no tengo ningún interés en comentar, preferí en vez de estar en la pista -donde la mayoría bailaba al ritmo de la música de ocasión- quedarme en los lugares marginales del lugar.
Encontré a varios conocidos de hace unos años y estuvimos hablando toda la noche en la cocina.
Algo que me llama la atención de ese tipo de reuniones es que, si bien se supone que cada uno se entretiene como le sale, como en la vida, existe una especie de contrato implícito según el cual todos deberían comportarse de la misma manera.
En general, prefiero evitar el efecto de masa.
Anoche: ¿Preguntas?
Anoche me encontré con varias personas.
Son unos flacos a los que conozco hace unos cuantos años. Anoche estuve charlando con ellos. Fue de esas conversaciones en las que no se dice nada relevante, donde las palabras que circulan son en su mayoría vacías. ¿Vieron esas personas que solo te encontrás en determinados lugares? Bueno, mientras hablaba y bromeaba con estos flacos -de lo más divertido- fui dándome cuenta con cierta preocupación de que no solo no los conozco, ni mucho menos se qué piensan sobre algunos temas, sino que ellos tampoco saben absolutamente nada de mi porque nunca hablamos verdaderamente.
Nunca preguntamos nada del otro.
Anoche II: Foto
Estaba sentado en el apoyabrazos de un sillón. Había mucha gente. De repente una persona se ubica en el mismo sillón a unos metros de donde estaba sentado y dice a un grupo de personas "pongansé que sacamos una foto!!!".
Era clara su intención: Iba a sacar una foto.
Unas 8 o 9 personas completamente desconocidas para mi, se ubicaron rápidamente en el sillón donde estaba sentado y se pusieron para la foto, muy receptivos a la propuesta de la fotógrafa.
Pensé velozmente: "debe ser un grupo de compañeros de algún lado" entonces me levanté del sillón y me quedé parado viendo el cuadro, como para que ellos tuvieran su foto. Yo no me sentía parte de ella.
Un flaco de los que también observaba la escena, me preguntó si los conozco, le dije que no, que suponía eran compañeros de algún lugar.
Me preguntó cómo lo sabía, como poniendo en cuestión el hecho de que yo hubiera abandonado mi lugar en ese retrato, y lo remató con un "¿porqué no te quedaste?
Le contesté: Si vos me preguntaras, si me interesa sacarme una foto con ellos, a los que no conozco, yo te diría que no.
Mucho menos si nadie me lo pide.
Breve resumen del sentirse mejor
La apertura, implica ruptura.
Y la ruptura, dolor.
El dolor, deseo de sanar.
Y sanar, una nueva apertura.
11/29/2009
A veces
Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa
Sábado a la noche. Unos amigos me invitan a un bar por Palermo, en el que ya arreglaron para encontrarse con otros tantos. Cuando llego me encuentro con unas seis personas de las que solo conozco a 2. Hola qué tal, les digo mientras me presento. Estoy contento por ver a mis amigos, por salir a tomar algo con ellos y disfrutar de los paisajes nocturnos de la ciudad. Mientras escucho a uno de mis amigos contar sobre el viaje del que hace poco regresó, uno de los flacos a los que recién conozco, me pregunta a qué me dedico. Le respondo que trabajo como psicólogo, y pienso a la vez, después de varias experiencias similares, si debería haber dicho otra cosa, como para evitar las preguntas y reacciones que vienen a continuación después de mi respuesta, casi como si estuvieran guionadas.
Mientras respondo con cintura evitativa alguna de las preguntas de mi interlocutor, y trato de seguir la historia de mi amigo viajero, otro de los presentes, que estaba escuchando de costado, dice "vos que sos psicólogo..." y pregunta qué opino sobre cierto tema. Me cuenta que se divorció de su mujer, que está teniendo problemas con su ex y que no sabe cómo hacer para explicarle a su hija. "Ella está muy mal". Pienso ¿quién me mandó a abrir la boca?! Relojeo involuntariamente mi reloj, son las 3.20 am. Pienso cuántas cervezas tomé. Le digo que seguro debe ser difícil la situación en la que está, pero que va a tener que disculparme, es sábado a la noche y tal vez no es el mejor momento para hablar sobre sus cosas intimas. Sorprendido, él me dice que está todo bien, que tengo razón. Le ofrezco una tarjeta de un colega conocido al que puede llamar el lunes. Lo va a poder ayudar. Acepta la tarjeta. Disfruto de la reunión con mis amigos.
Domingo a la tarde. Suena el timbre de mi casa, atiendo y pregunto quién es. Me responde mi querido amigo Esteban. Me sorprendo, no lo esperaba, lo invito a subir. Preparo unos mates con tostadas y le comento mi sorpresa por su visita. Esteban rápidamente se angustia y me cuenta que está preocupado por una serie de peleas que está teniendo con su padre, al que conozco desde hace años. Esteban me cuenta que por diversos motivos tendrá que dejar la casa que comparte con su padre y que la situación le provoca muchísimo temor. Está preocupado. Conversamos mientras masticamos las tostadas. Le cuento cómo fue para mi, el momento en el que me fui de la casa de mis padres, la incertidumbre que sentí por no saber cómo iba a resultar eso de vivir solo. En fin. Charlamos durante algunas horas derivando el tema de conversación por una red de temas, como suele ser una buena charla. Esteban se detiene preocupado y me dice que no quiere molestarme con sus problemas, que entiende que por mi trabajo me la debo pasar "escuchando los problemas de la gente" y que su idea no es hacerme trabajar. Me pregunto por dentro qué imagen habré dado de mi mismo como para que un amigo no tenga la suficiente confianza como para charlar conmigo sin sentir que está hablando con un psicólogo. Le digo que si, es cierto, parte de mi trabajo es escuchar lo que los otros me cuentan, pero que no se preocupe por eso, que estamos charlando como cuando eramos más jóvenes, que está bueno que haya venido a mi casa si necesitaba charlar un rato. A mi también me gusta charlar con él y contarle de mis asuntos. Para eso están los amigos no?. O querés pagarme? Le dije. Se ríe.
Lunes a la mañana. Llego temprano al hospital porque tengo una entrevista con un paciente nuevo al que todavía no conozco. Lo espero en la sala del hospital mientras converso con algún colega de los que tienen buena onda sobre algún tema de interés en común. Tocan a la puerta y preguntan por mí. Es una chica acompañada por su padre. Me presento y los invito a pasar a uno de los consultorios. El padre me cuenta sobre su preocupación porque desde que se separo de la madre de la nena, él tiene severos problemas de agresión con su ex y su hija ha cambiado el comportamiento, se aisla, no quiere comer ni salir a pasear. Mantengo la entrevista con el padre como para conocer un poco más de la historia de la familia y contextualizar lo que a la joven le pueda estar pasando. Lo invito a que espere fuera del consultorio mientras yo entrevisto a su hija. Le explico que es necesario para que ella pueda contarme por si misma qué es lo que le está pasando, qué es lo que la tiene mal. La chica ingresa, se sienta, me mira con desconfianza y me pregunta con gran ironía "¿se supone que acá tengo que hablar con vos como si fueras un amigo al que le cuento mis cosas?" La noto asustada. Le respondo que ella puede hablar como quiera, si quiere hablarme como a un amigo, que lo haga. Pero que tenga presente que ella está en un hospital porque algo le está pasando y que yo no estoy ahí para hacerme amigo de ella, sino para intentar ayudarla con lo que le pasa. Respira hondo y me dice sonriente "Hablás como un psicólogo!".
Sábado a la noche. Unos amigos me invitan a un bar por Palermo, en el que ya arreglaron para encontrarse con otros tantos. Cuando llego me encuentro con unas seis personas de las que solo conozco a 2. Hola qué tal, les digo mientras me presento. Estoy contento por ver a mis amigos, por salir a tomar algo con ellos y disfrutar de los paisajes nocturnos de la ciudad. Mientras escucho a uno de mis amigos contar sobre el viaje del que hace poco regresó, uno de los flacos a los que recién conozco, me pregunta a qué me dedico. Le respondo que trabajo como psicólogo, y pienso a la vez, después de varias experiencias similares, si debería haber dicho otra cosa, como para evitar las preguntas y reacciones que vienen a continuación después de mi respuesta, casi como si estuvieran guionadas.
Mientras respondo con cintura evitativa alguna de las preguntas de mi interlocutor, y trato de seguir la historia de mi amigo viajero, otro de los presentes, que estaba escuchando de costado, dice "vos que sos psicólogo..." y pregunta qué opino sobre cierto tema. Me cuenta que se divorció de su mujer, que está teniendo problemas con su ex y que no sabe cómo hacer para explicarle a su hija. "Ella está muy mal". Pienso ¿quién me mandó a abrir la boca?! Relojeo involuntariamente mi reloj, son las 3.20 am. Pienso cuántas cervezas tomé. Le digo que seguro debe ser difícil la situación en la que está, pero que va a tener que disculparme, es sábado a la noche y tal vez no es el mejor momento para hablar sobre sus cosas intimas. Sorprendido, él me dice que está todo bien, que tengo razón. Le ofrezco una tarjeta de un colega conocido al que puede llamar el lunes. Lo va a poder ayudar. Acepta la tarjeta. Disfruto de la reunión con mis amigos.
Domingo a la tarde. Suena el timbre de mi casa, atiendo y pregunto quién es. Me responde mi querido amigo Esteban. Me sorprendo, no lo esperaba, lo invito a subir. Preparo unos mates con tostadas y le comento mi sorpresa por su visita. Esteban rápidamente se angustia y me cuenta que está preocupado por una serie de peleas que está teniendo con su padre, al que conozco desde hace años. Esteban me cuenta que por diversos motivos tendrá que dejar la casa que comparte con su padre y que la situación le provoca muchísimo temor. Está preocupado. Conversamos mientras masticamos las tostadas. Le cuento cómo fue para mi, el momento en el que me fui de la casa de mis padres, la incertidumbre que sentí por no saber cómo iba a resultar eso de vivir solo. En fin. Charlamos durante algunas horas derivando el tema de conversación por una red de temas, como suele ser una buena charla. Esteban se detiene preocupado y me dice que no quiere molestarme con sus problemas, que entiende que por mi trabajo me la debo pasar "escuchando los problemas de la gente" y que su idea no es hacerme trabajar. Me pregunto por dentro qué imagen habré dado de mi mismo como para que un amigo no tenga la suficiente confianza como para charlar conmigo sin sentir que está hablando con un psicólogo. Le digo que si, es cierto, parte de mi trabajo es escuchar lo que los otros me cuentan, pero que no se preocupe por eso, que estamos charlando como cuando eramos más jóvenes, que está bueno que haya venido a mi casa si necesitaba charlar un rato. A mi también me gusta charlar con él y contarle de mis asuntos. Para eso están los amigos no?. O querés pagarme? Le dije. Se ríe.
Lunes a la mañana. Llego temprano al hospital porque tengo una entrevista con un paciente nuevo al que todavía no conozco. Lo espero en la sala del hospital mientras converso con algún colega de los que tienen buena onda sobre algún tema de interés en común. Tocan a la puerta y preguntan por mí. Es una chica acompañada por su padre. Me presento y los invito a pasar a uno de los consultorios. El padre me cuenta sobre su preocupación porque desde que se separo de la madre de la nena, él tiene severos problemas de agresión con su ex y su hija ha cambiado el comportamiento, se aisla, no quiere comer ni salir a pasear. Mantengo la entrevista con el padre como para conocer un poco más de la historia de la familia y contextualizar lo que a la joven le pueda estar pasando. Lo invito a que espere fuera del consultorio mientras yo entrevisto a su hija. Le explico que es necesario para que ella pueda contarme por si misma qué es lo que le está pasando, qué es lo que la tiene mal. La chica ingresa, se sienta, me mira con desconfianza y me pregunta con gran ironía "¿se supone que acá tengo que hablar con vos como si fueras un amigo al que le cuento mis cosas?" La noto asustada. Le respondo que ella puede hablar como quiera, si quiere hablarme como a un amigo, que lo haga. Pero que tenga presente que ella está en un hospital porque algo le está pasando y que yo no estoy ahí para hacerme amigo de ella, sino para intentar ayudarla con lo que le pasa. Respira hondo y me dice sonriente "Hablás como un psicólogo!".
11/18/2009
El circo
No soy el dueño, pero tampoco el mono.
Artista por momentos, espectador por otros.
Encuentro en esto un circo
y disfruto de la función.
Veo la escena, veo el público aplaudir.
¿Sos vos también artista?
Desde tu lugar de lector
leyendo palabras mías, te llevás una canción.
Circula! el circo circula!
¿Lo pensaron alguna vez?
Mi canción se hace tuya
como el circo de recién.
La canción era tuya
antes de cantarla yo!
Artista por momentos, espectador por otros.
Encuentro en esto un circo
y disfruto de la función.
Veo la escena, veo el público aplaudir.
¿Sos vos también artista?
Desde tu lugar de lector
leyendo palabras mías, te llevás una canción.
Circula! el circo circula!
¿Lo pensaron alguna vez?
Mi canción se hace tuya
como el circo de recién.
La canción era tuya
antes de cantarla yo!
11/04/2009
Enojos
Sobre los costados del camino, entre las piedras, los pastos y las hileras de hormigas que siguen paralelas la dirección del camino, crecen los enojos.
Planta milenaria, crece sin requerir demasiada atención. Sobre la tierra, algunas lluvias ocasionales y el enojo va tomando fuerza. No hace falta mucho más.
Hay quienes al pasar por el camino, arrancan los enojos y se los llevan en el bolso, la cartera o en algún receptáculo que sirva para los fines. Algunos los cortan en rodajas y los agregan a las ensaladas. Tienen un sabor fuerte, entre dulzón y amargo. Otros los ponen a hervir y se preparan un té. El famoso té de enojo. Ponele azúcar.
El enojo crece sin demasiada atención. Por eso mismo no conviene dejarlo crecer indefinidamente. Cada tanto arrancar unas plantas, cortarlas en juliana, o en cubitos y preparar algo rico para comer. El enojo es una planta rastrera, va cubriendo superficie a medida que crece, y como no hace mucho barullo mientras lo hace, un día te querés dar cuenta y zaz!! Tenés el camino interrumpido por los enojos!!
Planta milenaria, crece sin requerir demasiada atención. Sobre la tierra, algunas lluvias ocasionales y el enojo va tomando fuerza. No hace falta mucho más.
Hay quienes al pasar por el camino, arrancan los enojos y se los llevan en el bolso, la cartera o en algún receptáculo que sirva para los fines. Algunos los cortan en rodajas y los agregan a las ensaladas. Tienen un sabor fuerte, entre dulzón y amargo. Otros los ponen a hervir y se preparan un té. El famoso té de enojo. Ponele azúcar.
El enojo crece sin demasiada atención. Por eso mismo no conviene dejarlo crecer indefinidamente. Cada tanto arrancar unas plantas, cortarlas en juliana, o en cubitos y preparar algo rico para comer. El enojo es una planta rastrera, va cubriendo superficie a medida que crece, y como no hace mucho barullo mientras lo hace, un día te querés dar cuenta y zaz!! Tenés el camino interrumpido por los enojos!!
10/15/2009
Los rodeos
Otros caminos se desvían, van hacia arriba o hacia abajo o directamente se interrumpen.
Estos últimos son los que, sin excepción, obligan a volver sobre los pasos para tomar luego algún otro camino alternativo.
Algunos llevan a la reunión: Grandes avenidas por las que gran cantidad de personas circulan.
Otros conducen a la soledad solitaria del caminante, con la consecuente calma o desesperación, según si el caminar se acompaña de días soleados o de la más negra oscuridad.
Los caminos se bifurcan.
Polifónicamente se abren en diversas direcciones, ¡arribando a barrios tan diversos! Cada uno con su encanto y sus personas. Como las estaciones del año, otoño, invierno, primavera y verano, cada una conectada con la otra y tan distintas a la vez.
Conectados unos con otros los caminos van creando túneles y puentes que nos llevan a una nueva bifurcación.
Caminar no es sin elección.
Elección sobre las direcciones por las que retomaremos el caminar. Porque al fin, como dice el poeta, no es que haya caminos, se hace camino al andar.
La otra verdad
Dicen que la verdad tiene carácter de ficción.
Es así.
Conclusión: Lo que me interesa de todo esto es aquella otra verdad,
Es así.
Escribo y escribo y lo único que produzco es más y más ficción.
Pasa en la vida, por más verdadero que algo resulte, es ficción.
Siempre.
Conclusión: Lo que me interesa de todo esto es aquella otra verdad,
esa que se esconde en lo que escribo
y nunca termina de ser escrita.
Es inaccesible, siempre en potencia.
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